viernes, febrero 25, 2011

Primer Trailer de BasketDudes

En Mayo de 2010 salía a la luz el trailer de Basketdudes.

miércoles, octubre 15, 2008

ChickenBall Delivered

ChickenBall dejó hoy de ser un proyecto para convertirse en un Juego.
Este es el video que hemos presentado en ArtFutura:



Tiene algunos errores todavía... pero ya es un juego :D

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martes, abril 22, 2008

Los Homeless

Michel Tournier escribió en su libro 'El Espejo de las ideas' sobre la relación entre 100 pares de categorías opuestas y a la vez solidarias que son las que organizan nuestro pensamiento.
Antes que el, Aristóteles había distinguido 10 categorías, Leibnitz lo hizo con 6, Kant había encontrado 12. En lo que se considera un ejemplo de práctica literaria, Tournier nos muestra su capacidad de abstracción y presenta 100 conceptos clave.

Pero bien, que son estas categorías de las que hablo ?

Volviendo al libro de Tournier podemos encontrar, entre otras parejas:
El amor y la amistad.
El gato y el perro.
La caza y la pesca.
El sótano y el desván.
Dios y el diablo.
El ser y la nada.
Y muchos otros que no voy a mencionar.

Para explicar mejor estos ejemplos, el lector póngase a pensar en cada una de las parejas, arme la imagen en su cerebro, de la manera en que cada pareja es a la vez opuesta y complemento. La expresión máxima pueden ser el gato y el perro o el hombre y la mujer. Un hombre es lo completamente opuesto a una mujer y a su vez es su complemento perfecto.

Leer sobre estas categorías y hacer el ejercicio de relacionar cada pareja me llevó a pensar en aquellas cosas que tienen parte de ambas categorías y rompen a la vez, con la armonía de estas parejas. Es decir algo que se pueda transformar, desviar, de una categoría a la otra; sin perder, a su vez, parte de su categoría inicial...

Y llegué a una de las parejas no mencionadas antes:
El árbol y el camino.

Leí hace poco en un artículo que el árbol es la representación de las masas sedentarias, lo estático, el hogar, una casa. Es la representación de habitación; un arbol cobija, cubre, nos da un lugar. Un árbol indica una dirección precisa, un lugar exacto.
A su vez el camino nos indica movimiento, vías de comunicación, lo dinámico. En el camino todo es velocidad, movimiento, recorrido. En un camino todos estamos de paso, todo lo que existe dura poco, no se queda estático, sino que avanza hasta perderse en el horizonte.

En el campo hay un claro dominio de la comunicación o la circulación sobre la habitación o la estabilidad. Al aire libre se siente uno con menos ataduras, con más movimiento porque las imágenes y los sentimientos que captamos son predominantemente de lo dinámico. El campo es preferentemente camino.

En cambio en la ciudad, la autopista y los subterráneos rivalizan con la plaza, la fuente, los edificios. En la ciudad, hay una función primaria de habitación sobre una secundaria de comunicación, todo es más estático. El espacio está mucho más cubierto de lugares que de comunicaciones entre lugares. La ciudad es predominantemente árbol.
Y con esto no quiero decir que en el campo hay mayor cantidad de movimiento que en la ciudad, no me malinterpreten, sólo sucede que en el campo el camino supera al árbol y en la ciudad, el árbol supera al camino. Porque en la ciudad el camino siempre lleva a un árbol (lugar), en cambio en el campo el camino existe por si mismo, sin árboles.

Estando en la ciudad uno puede ver a muchas personas corriendo a su lado y probablemente no se dé cuenta porque uno va absorto en su mundo estático, porque ese es el verdadero mundo que la ciudad y el urbanismo nos imponen. Los edificios, las casas y, porque no, los hogares, hacen que la ciudad se vuelva un entorno meramente habitable y muy poco circulable. Porque si bien uno va de un lugar a otro en la ciudad, siempre tiende a estar estático, uno siempre quiere llegar para poder estar. En el campo, en cambio, hay una gran tendencia a ir sin estar.

Aquí llegamos, irónicamente, a lo más bello que en este escrito quiero reflejar de las ciudades.
Quiero hablar de los 'homeless' como se los conoce en Estados Unidos, que en mi Argentina serían los sin-techo o 'los chicos de la calle' como comúnmente se los conoce.

Pero, porqué digo lo más bello ?

Porque son estas imágenes las que nos muestran el desequilibrio que existe cuando alguien se desplaza del interior (su casa) al exterior (la calle). Y son los que transforman lo que era un espacio de circulación en su espacio de habitación. Distorsionan nuestra imagen de normalidad al verse arrastrados por una condición social a modificar nuestro mundo.

No quiero que me vean como un insensible, sólo quiero reflejar lo que alguna vez sentí viendo aquella hermosa película llamada: 'Belleza Americana'.
Reflejar cómo, en cosas naturales en las que no nos fijamos y ante las cuales muchas veces damos vuelta la cabeza para no observar, se puede encontrar la belleza verdadera de este mundo.
Quiero reflejar cómo puedo encontrar la excepción que justifica la regla de las categorías expresadas por tantos filósofos y eruditos del tema.
Los 'Homeless' son aquellos que tuvieron que llegar al extremo de dejar su espacio de habitación para trasladarse al espacio de circulación y así, transformar su camino en árbol. O nuestro camino común en su árbol personal.

Es casi como si encontrásemos alguien capaz de volver un perro en gato o la amistad en amor.
Y Porqué no, el sótano en desván o la caza en pesca ?
Y que nos queda para el hombre en mujer, la nada en ser y el diablo en Dios ?

Sobre esto hay mucho más para escribir, pero no por ahora...

CAIO - 10-04-02

lunes, abril 07, 2008

Cacerolas de teflón.

No te oí… En los días del silencio atronador.
No te oí junto a las madres del dolor,
no sonaste ni de lejos, por los chicos, por los viejos… olvidados.
No te oí… Puede ser que ya no estoy oyendo bien,
pero al borde de las rutas de Neuquén,
no te oí mientras mataban por la espalda a mi maestro.
Y entre nuestros cantos desaparecidos
yo jamás oí el sonido de tu tapa resistente,
que resiste comprender que hay tanta gente
que en sus pobres recipientes solo guarda una ilusión.
Cacerola de teflón, volvé al estante,
que la calle es de las ollas militantes…
Con valiente aroma de olla popular.
Cacerola de teflón, a los bazares,
o a sonar con los tambores militares…
Como tantas veces te escuché sonar.
No te oí… Cuando el ruido de las fábricas paró,
cuando abril su mar de lágrimas llenó.
No te oí con los parientes del diciembre adolescente… asfixiado
No te oí… Puede ser que mis orejas oigan mal,
pero nunca te he sentido en la rural,
reclamar por el jornal de los peones yerbateros,
por la rentabilidad de los obreros,
por el tiempo venidero, por que venga para todos.
No te oí ni te oiré porque no hay modo
De juntar tu avaro codo con mi abierto corazón.
Cacerola de teflón, volvé al estante…
De los muebles de las casas elegantes
Que las cocineras te van a extrañar.
Cacerola de teflón, a los bazares
O a sonar en los conciertos liberales
Como tantas veces te escuché sonar.
No te oí … En el puente de Kosteki y Santillán
No te oí por el ingenio en Tucumán
No te oí en los desalojos, ni en los barrios inundados … de este lado.
No te oi… En la esquina de Rosario que estalló
cuando el angel de la bici se cayó…
Y sus ángeles pequeños se quedaron sin comida.
Y jamás te oí en la vida repicar desde acá abajo
por un joven sin trabajo, a la deriva.
Debe ser que desde arriba, desde los pisos más altos
no se ve nunca el espanto y las heridas.
Cacerola de teflón, volvé al estante…
Yo me quedo en una marcha de estudiantes
donde vos nunca supiste resonar.
Cacerola de teflón, a los bazares
O a llenarte de los más ricos manjares
Que en la calle no se suelen encontrar.
Cacerola de teflón andá a c…ocinar

Ignacio Copani


viernes, marzo 28, 2008

3 cuadras

- Tengo un sólo momento – pensó, mientras corría desperado calle abajo en dirección al parque.

“Si no llego a tiempo...”, era el pensamiento que más lo atormentaba en su carrera hacia adelante. Sabía que en cada paso se estaba jugando la vida. El bolso que había colgado tranquilamente de su brazo, ahora se agitaba como una serpiente que han despertado de su letargo ancestral y parecía querer zafarse de el para llegar antes a destino.

Sentía un increíble peso en su hombro derecho, debido al bamboleo del elemento que colgaba de el.

“Debería haber pensado en la mochila”, era lo que se decía al darse cuenta de ese peso en su brazo...

Miró hacia adelante, sólo 3 cuadras lo separaban de su futuro.

Al llegar a la esquina, un bocinazo. “Es lo mismo”, pensó en ese instante y continuó la carrera sin sentido. El Mercedes Benz que circulaba Norte – Sur debió realizar una maniobra arriesgada para evitar alcanzarlo. A lo lejos escuchó el sonido del caucho quemándose en el pavimento y los gritos desesperados de un hombre. Siguió corriendo.

Miró hacia atrás para ver si lo seguían, “pero sólo girando la cabeza y torciendo un poco el cuerpo para no perder la velocidad” - se decía. No vio nada.

“Si no llego a tiempo...” pensaba mientras trataba de aumentar su velocidad bajando la cabeza y dando zancadas cada vez más largas, casi volando.

Sentía el aire viciado estrellarse en su cara. Sentía la velocidad, y le gustaba.

“Si no llego a tiempo...” era la frase que cruzaba su mente en el momento en que giraba el bolso, que había estado rebotando contra su lado derecho con la precisión de un reloj suizo, para ponerlo frente a el y así poder tener mayor control.

“Pero sin perder velocidad” se decía a sí mismo.

Control y velocidad era la premisa en ese instante sublime.

Otra esquina, y el grito inteligible de una mujer mayor...

Atrás, a lo lejos, lo oía, pero no volvió a pensar en girar la cabeza, sólo importaban las dos cuadras hacia adelante y no las infinitas hacia atrás.

“Es lo mismo”, pensó y siguió corriendo. Sentía como unas gotas iban cayendo por su frente para alojarse en el borde de su labio.

Sólo queda una cuadra, sólo doblar la próxima esquina y enfrentar la verdad...

Esquivó ese pensamiento pero no puedo esquivar el puesto de flores... Rodó por el piso y con la misma inercia con que había caído, logró levantarse y reanudar su marcha.

“Es lo mismo”, pensó y siguió corriendo, mientras la sangre empezaba a verter desde distintos sectores de su cuerpo, dejando una chorreante huella a su paso.

Trató de incrementar la velocidad, pero sus músculos no podían más, realmente estaba exigiéndoles demasiado.

En esos instantes comenzó a agitarse, su corazón parecía querer explotar, bombeaba sangre a más no poder, cómo un motor exigido sin razón. Y sin el menor cuidado.

Dobló la esquina final y la imagen desoladora llenó sus retinas...

Unos cuantos muchachos estaban sentados en la puerta, todos vestidos igual que él.

Había sonado la campana y el portero del colegio había cerrado la puerta.

“Si no llego a tiempo...” pensó.

“Si no llego a tiempo quedo libre”.


Caio - 19 Feb 02 (04 Mar 02)

jueves, febrero 28, 2008

Instrucciones para subir una escalera

Nadie habrá dejado de observar que con frequencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situá un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de transladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
L
legado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

Historias de Cronopios y de Famas - Julio Cortázar


miércoles, octubre 17, 2007

La biblioteca de Babel

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito... La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.

Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios.) Básteme, por ahora, repetir el dictamen clásico: La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.

A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo descubrimiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.

El primero: La Biblioteca existe ab alterno. De esa verdad cuyo colorario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar. El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios. Para percibir la distancia que hay entre lo divino y lo humano, basta comparar estos rudos símbolos trémulos que mi falible mano garabatea en la tapa de un libro, con las letras orgánicas del interior: puntuales, delicadas, negrísimas, inimitablemente simétricas.

El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice «Oh tiempo tus pirámides». Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)

Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables MCV no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de MCV en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.

Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.

Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.

También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma. Hace ya cuatro siglos que los hombres fatigan los hexágonos... Hay buscadores oficiales, inquisidores. Yo los he visto en el desempeño de su función: llegan siempre rendidos; hablan de una escalera sin peldaños que casi los mató; hablan de galerías y de escaleras con el bibliotecario; alguna vez, toman el libro más cercano y lo hojean, en busca de palabras infames. Visiblemente, nadie espera descubrir nada.

A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.

Otros, inversamente, creyeron que lo primordial era eliminar las obras inútiles. Invadían los hexágonos, exhibían credenciales no siempre falsas, hojeaban con fastidio un volumen y condenaban anaqueles enteros: a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de millones de libros. Su nombre es execrado, pero quienes deploran los «tesoros» que su frenesí destruyó, negligen dos hechos notorios. Uno: la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal. Otro: cada ejemplar es único, irreemplazable, pero (como la Biblioteca es total) hay siempre varios centenares de miles de facsímiles imperfectos: de obras que no difieren sino por una letra o por una coma. Contra la opinión general, me atrevo a suponer que las consecuencias de las depredaciones cometidas por los Purificadores, han sido exageradas por el horror que esos fanáticos provocaron. Los urgía el delirio de conquistar los libros del Hexágono Carmesí: libros de formato menor que los naturales; omnipotentes, ilustrados y mágicos.

También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito... En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre - ¡uno solo, aunque sea, hace miles de años! - lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique.

Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?).

La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana - la única - está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.

Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.

FIN


Texto de Jorge Luis Borges

martes, octubre 09, 2007

LOS JUEGOS

Ustedes saben que inventar personajes que hagan carrera en todas las naciones no es cosa fácil... no es cosa fácil... Pocos escritores lo han logrado realmente. E incluso a veces lo logran a esto de crear un personaje que tenga curso en todas las culturas, en todas las naciones...a veces lo logran, digo, escritores de segundo orden. Estoy pensando en Arthur Conan Doyle, un escritor de segundo orden que ha generado un personaje mundial como es Sherlock Holmes. Y hoy quiero hablar de otro que también lo logró y que es Sir James Barrie. Tanto lo logró que cuando yo digo Sir James Barrie nadie - no creo que nadie - recuerde de quien se trata. Y sin embargo cuando mencione el personaje que el invento, todos lo van a conocer: Peter Pan. Pero al pobre Barrie le paso lo que esta muchacha... Margaret Mitchell, la que escribió "Lo que el viento se llevó". El cine lo devoró. Y yo creo que todos los muchachos dan en pensar que Peter Pan es
una creación de Walt Disney. Del mismo modo se piensa de Pinocho y hasta de Blancanieves y de cosas así; tal es la fuerza del cinematógrafo! Bueno, si quiere que le confiese, no me mataría
por ser el autor del Pinocho. Nunca que me ha conmovido mucho ese personaje pero otro día vamos a hablar de eso. [-Es de madera...] Si creo que es de madera... A la chica Mitchell le pasó esto. El otro día creo que nos acordábamos de la siguiente circunstancia: en los créditos de la película "Lo que el viento se llevó" no figura el nombre del autor de la novela. Nada menos. Nada menos, caramba! La que inventó la historia! Tampoco escribió ninguna otra cosa. Era una periodista ella; escribió una sola novela, una extensa novela, una copiosa novela pero nunca más nada. Ganó un premio con ella: el premio Pulitzer -de todas maneras- que es un
premio a los periodistas. [-Bastante desprestigiado por otra parte como el periodismo mismo...]. No en el tiempo en que ella lo ganó pero ahora si. Quién era James Barrie? Y en que época lo situamos? Nació el siglo pasado, en 1860 en un pueblito muy pobre de Escocia. Era mal
alumno, no se destacaba mucho por nada. Casi nunca abría los libros... No tenía gran cosa...
Por ahí, ya cuando joven le dio por escribir pero siempre estaba acomplejado porque creía que lo único que conocía del mundo era su minúsculo pueblo de Escocia. Entonces escribía con cierto
recelo. Hasta que algunas de sus novelas sentimentales empezaron a tener cierto éxito. Y publica por ahí, un libro que se llama "El pequeño Ministro" hecho allá por 1890-91 y la gente empieza a conocerlo. Hasta que en 1896 -y esto me interesa a mí- escribe una conmovedora biografia de su madre, Margaret Oglivy. Este libro contiene una frase que paso a leer que revela toda la literatura de Barrie y dice así:
"El horror de mi infancia era que yo sabia que se acercaba el tiempo en que debería renunciar a mis juegos y eso me parecía intolerable. Entonces resolví seguir jugando en secreto."
Yo me voy a detener aquí. Los juegos de Barrie fueron sus libros "El muchacho y David",
"Peter Pan"... el más exitoso de todos es "Peter Pan". Pero me gusta esto: "Entonces resolví seguir jugando en secreto." Me detengo aquí y me detengo a recordar a todos los que, como a
Peter Pan o como a Barrie, decidieron seguir jugando en secreto. Y no es que a uno le moleste crecer. De paso, crecer no es una actividad relacionada con el tiempo -quiero aclarar- sino con el
espacio. Ser grande no es ser viejo, es otra cosa, muchachos! Pero siempre he tenido la sorpresa de que el orden establecido y sus secuaces manifiestos o encubiertos se interesan muchísimo en
que uno abandone la niñez para que deje de jugar. Digo, para que uno abandone esa gravedad de los chicos que juegan... esa solemnidad... Quiero decir que los chicos que juegan, no juegan por dinero, ni por obligación, juegan porque les gusta. Y juegan al juego que les gusta y con la gente que les gusta y sino, no juegan. No juegan por codicia y además lo hacen seriamente, sin ese cinismo que viene después con aquello que suele llamarse madurez. Yo creo que de ahí quieren sacarnos para convertirnos en personas resignadas a nuestra suerte, por mediocre que sea esta
suerte. Finalmente hay gentes vulgares que desprecian a los que siguen jugando, a los que siguen soñando, a los que siguen engrandeciéndose, no creciendo... Mejor dicho: sí creciendo, no
envejeciendo. Quieren que no seamos esa gente que se arriesga en cada cruce, esa gente que juega fuerte como si cada baraja fuera la ultima.
Para los que ya no juegan, para los enemigos de Barrie y de Peter Pan, esto es locura -seguir jugando. Nos convidan a la resignación, a la madurez; gente que no soporta a los que -digo-
parados en su propia sombra hacen frente, por ahí, a los miembros de su propia generación que los invitan a crecer - dicen: "Vamos! Tenés que crecer! Y obtener una cuenta bancaria y engordar y renunciar a los cambios bruscos!"... Y a contraer -como suelo decir yo- esa mediocre eficacia que se llama madurez. Pero estos hombres también hacen frente a las generaciones más jóvenes que les reclaman el derecho a no jugar, ser vulgares, a no ser señalados finalmente en su vulgaridad. No, yo creo que la vida de Barrie y de Peter Pan y de los que, en secreto, han resuelto seguir jugando es muy dura.
Y a que siguen jugando esas personas en secreto, siempre tratando de que nadie los vea? Cuando las personas serias que manejan este mundo, los personeros de la razón, del dinero ven al que sigue jugando lo señalan con el dedo.
Pero, a qué juegan? - se preguntarán ustedes. Y ... algunos juegos parecen inocentes:
Digo, hay quienes no pisan las baldosas celestes para no matar ángeles y pisan las baldosas rojas, para matar demonios... cuando nadie los ve. Hay quienes, por ejemplo, corren carreras en la calle contra desconocidos y se juegan la vida en llegar a la esquina antes que ese desconocido y dicen cosas tales como: "Si no llego a la esquina antes que el conscripto ese que va delante de mí, moriré!" Sucede, a veces, que el conscripto también es uno de los que están jugando en secreto! Y entonces se producen carreras tremendas en la que se están jugando la vida el conscripto y
nuestro amigo! Y nadie lo sabe! Solo ven dos personas apuradas que transpiran y sufren y tratan de llegar primero a la esquina... y, mirándose, todos dicen: "A dónde irán estos?" y no
saben que se están jugando la vida! Pero a veces, digo, esos juegos no son tan inocentes y, a veces, el juego consiste simplemente en vivir como si todavía no nos hubiera ocurrido lo mejor. Y ese ya es un juego más pesado, un juego que a veces cuesta caro, un juego serio. No como los juegos cínicos de los que se cubren con apuestas laterales o aquellos que juegan pero dejan en su bolsillo algún dinero para el regreso. No! Me gusta el que se lo juega todo! Y el que lo juega seriamente como los chicos o con la misma fe poética que pedía Coleridge para entender el arte, con esa renuncia a la incredulidad. Ese es el juego!
Yo que, también como Peter Pan, he perdido mi sombra declaro que pienso seguir jugando... Claro que en secreto... Y el que quiera seguir jugando va a ser mi amigo. Y el que ya no juegue más se irá un cielo personal que tengo yo, un cielo de olvido en donde, así como muchos héroes griegos al morir se convertían en constelaciones, quienes resuelven no jugar más también van a ese cielo de mis olvidos y se convierten en constelaciones, constelaciones que tienen nombres... y apellidos. Ay, muchachos! Qué hermosas estrellas brillan en ese cielo de mi olvido!...

Quiero dedicar la charlita de hoy a Barrie, a Peter Pan, a mis amigos queridos que siguen jugando conmigo este juego hermoso pero fuertísimo de hacer un programa en el que parece que uno hace chistes...
...Y EN REALIDAD SE ESTA JUGANDO EL ALMA!


Alejandro Dolina - (Monologo transcripto del programa radial "La Venganza será Terrible!")

jueves, julio 26, 2007

Instrucciones para elegir en un picado

Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quienes integraran los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a sus futuros compañeros. Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances.
El hombre que esta esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en que medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez mas demorada. Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber que sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades. Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía a los que estaban mas cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces.
El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, mas vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.
Alejandro Dolina - Crónicas del Angel Gris

martes, julio 24, 2007

Campeones Mundiales Sub20 Canada 2007


lunes, julio 23, 2007

Creo muchas veces

Creo que puede ser posible
Creo que el mar es hermoso
Creo que me merezco vivir a tu lado
Creo en la inmortalidad del mosquito
Creo que Perú queda muy lejos
Creo que lo importante es disfrutar cada momento
Creo que dos más dos es cuatro
Creo que oir tu risa me hace bien
Creo que me extrañaste alguna vez
Creo que no creo en la fidelidad
Creo que con una sola caricia podés hacerme vibrar
Creo que existe más de un San Javier
Creo que falta mucho por inventar
Creo que si no venís te voy a buscar
Creo que hay que ver El Señor de Los Anillos más de una vez
Creo que pienso en vos muchas veces al día
Creo que algún dia visitaremos Creta
Creo que hay veces que es mejor callar
Creo que sos demasiado hermosa
Creo que lo que más me duele es una mentira
Creo en la estrategia de Marcelo Bielsa
Creo en vivir cada minuto como el último
Creo que tres dias sobran para darse cuenta
Creo que el Santo va a volver
Creo que Madrid está más cerca que Buenos Aires
Creo que me queda mucho por llorar
Creo que creo en todo esto
Creo que sino,
no lo escribiría

18-Agosto-2005

sábado, julio 21, 2007

Historia de un buen Brahmín

En el curso de mis viajes tropecé con un viejo brahmín1, hombre de muy buen juicio, lleno de ingenio y muy sabio; además, era rico, y por lo tanto su juicio era aún mejor; pues, al no carecer de nada, no tenía necesidad de engañar a nadie. Su familia estaba muy bien gobernada por tres hermosas mujeres que se esforzaban por complacerle; y cuando no se distraía con sus mujeres, se ocupaba en filosofar.

Cerca de su casa, que era bella, bien adornada y rodeada de jardines encantadores, vivía una vieja india, beata, imbécil y bastante pobre.

Cierto día el brahmín me dijo:

- Quisiera no haber nacido.

Le pregunté por qué. Él me respondió:

- Hace cuarenta años que estudio, y son cuarenta años perdidos; enseño a los demás, y yo lo ignoro todo: esta situación hace que mi alma se sienta tan humillada y asqueada que la vida me resulta insoportable. He nacido, vivo en el tiempo y no sé lo que es el tiempo; me encuentro en un punto entre dos eternidades, como dicen nuestros sabios2, y no tengo la menor idea de la eternidad. Estoy compuesto de materia; pienso y jamás he podido llegar a saber lo que produce el pensamiento; ignoro si mi entendimiento es en mí una simple facultad, como la de andar o la de digerir, y si pienso con mi cabeza como cojo las cosas con mis manos. No solamente me es desconocido el principio de mi pensamiento, sino que incluso el principio de mis movimientos me es igualmente ignorado: no sé por qué existo. Sin embargo, todos los días me hacen preguntas acerca de todos esos puntos; y hay que responderlas; no tengo nada interesante que decir; hablo mucho, y después de haber hablado me quedo confuso y avergonzado de mí mismo.

>> Lo peor es cuando me preguntan si Brahma3 fue producido por Visnú4 o si los dos son eternos. Dios es testigo de que no sé ni una palabra de todo eso, y bien que se ve por mis respuestas. “¡Ah, reverendo padre! (me dicen), explicadnos cómo el mal inunda toda la tierra.” Mi ignorancia es igual a la de los que me formulan esta pregunta; a veces les digo que en el mundo todo va del mejor modo posible; pero los que se han arruinado o han sido mutilados en la guerra no me creen, y yo tampoco me lo creo; me retiro a mi casa abrumado por mi curiosidad y mi ignorancia. Leo nuestros antiguos libros y ellos espesan todavía más mis tinieblas. Hablo con mis compañeros: los unos me responden que hay que gozar de la vida y burlarse de los hombres; los otros creen saber algo y se pierden en ideas extravagantes; todo aumenta el sentimiento doloroso que experimento. A veces estoy a punto de caer en la desesperación cuando pienso que, después de tanto estudiar, no sé ni de dónde vengo, ni lo que soy, ni adónde iré, ni lo que será de mí.

El estado de este buen hombre me causó verdadera pena: nadie era más razonable ni más sincero que él. Comprendí que cuantos más conocimientos tenía en su cabeza y más sensibilidad en su corazón, más desgraciado era.

Aquel mismo día vi a la vieja que vivía cerca de su casa; le pregunté si alguna vez se había sentido afligida por no saber cómo estaba hecha su alma. Ella ni siquiera comprendió mi pregunta: en toda su vida nunca había reflexionado ni un momento acerca de una sola de las cuestiones que torturaban al brahmín; creía con toda su alma en las metamorfosis de Visnú, y con tal de poder tener de vez en cuando agua del Ganges para lavarse, se consideraba la más feliz de las mujeres.

Impresionado por la dicha de aquella pobre mujer, volví a visitar a mi filósofo y le dije:

- ¿No os avergüenza ser desgraciado cuando a vuestra puerta hay una vieja autómata que no piensa en nada y que vive contenta?

- Tenéis razón – me respondió -; cien veces me tengo dicho que yo sería feliz si fuese tan necio como mi vecina, y sin embargo no quisiera semejante felicidad.

Esta respuesta de mi brahmín me produjo mayor impresión que todo lo demás; me examiné a mí mismo y vi que en efecto no quisiera ser feliz a condición de ser imbécil.

Propuse el dilema a unos filósofos, que fueron de mi misma opinión.

- Y no obstante – decía yo-, hay una escandalosa contradicción en esta manera de pensar; porque, al fin y al cabo, ¿de qué se trata? De ser feliz. ¿Qué importa tener talento o ser necio? Todavía hay más: los que están satisfechos de cómo son, están muy seguros de estar satisfechos; los que razonan, no están seguros de razonar bien. Está, pues, bien claro – decía yo – que habría que aspirar a no tener sentido común, por poco que este sentido común contribuya a nuestra infelicidad.

Todo el mundo fue de mi parecer, y sin embargo no encontré a nadie que quisiera aceptar el trato de convertirse en imbécil para vivir contento. De lo cual deduje que, aunque apreciamos mucho la felicidad, aún apreciamos más la razón.

Pero, después de haber reflexionado sobre el asunto, me parece que preferir la razón a la felicidad es ser muy insensato. ¿Cómo, pues, puede explicarse esta contradicción? Como todas las demás. Hay aquí materia para hablar muchísimo.

Voltaire (1694 – 1778)

1Brahmín: Cada uno de los individuos de la primera de las cuatro castas en que se halla dividida la población de la India, y que por suponer que proceden de la boca del dios Brahma, no deben dedicarse más que al sacerdocio y al estudio y meditación de los libros sagrados de su religión.

2 Alusión de Voltaire a Pascal

3Brahma: Primera persona de la Trimurti hinduísta; el creador del universo, primera emanación del Brahmán.

4Visnú: Divinidad india, que, con Brahma y Shiva, forma la Trimurti o trinidad brahmánica. En principio, VISNÚ era una divinidad solar, pero al surgir el budismo, convirtióse en parte de la Trimurti, creada para reforzar el brahmanismo.


Campeones Mundiales Sub20 Holanda 2005

martes, enero 25, 2005

Ya todo estaba Oscuro

Cuando salió al Portal ya todo estaba oscuro. Su corazón latía a mayor velocidad conforme giraban las agujas de su reloj pulsera. La noticia había sido demasiado para su entereza.
La noche había caído y con ella su última esperanza. Las estrellas simulaban dominar el firmamento, limpio de las habituales impurezas matinales. El agua, cual espejo celestial, reflejaba la triste imagen de la ciudad en ruinas.
La explosión habría sido anteanoche, pensaba...
O antes, tal vez....
Su memoria recorría callejones sin sentido, recordaba momentos que juraría no haber vivido nunca. Y es que nunca lo había hecho, en realidad.
En su anterior vida, había sido sirviente de algún Rey, Señor o Monarca, de algún País o Región desconocida en algún tiempo inmemorial. Dicha vida habría sido corta, lenta, sufrida. Agotadora, voraz, sensible...
Sus ojos observaban al hombre en la noche. La noche observaba al hombre en sus ojos.
La ciudad había estado montada sobre nueve colinas que en su seno albergaban un lago, el cual, en estos instantes, solo reflejaba destrucción, sangre, dolor.
Su hijo estaba destinado a ser grande entre grandes, el mejor. La actividad en la que sobresaliese no era realmente importante, los rivales a quienes vencer, tampoco. El tiempo en lograrlo era lo que le atormentaba. Y si ese tiempo había pasado? Se preguntaba.
Su miedo le atormentaba.
Dio un paso hacia delante, luego otro.
Las luces de neón ya no existían, las penumbras le envolvían. Solo una insignificante vela de cera lastimaba su porosa piel a medida que despejaba la oscuridad de su frente.
Sus ojos escrutaban en la noche y su mente escrutaba en la memoria. Para recordar, tal vez, o para no hacerlo...
En resumen, recordaba.
Y miraba...
El hombre delante suyo movió sus labios. Así mismo lo hizo la Luna.
Y nunca pudo saber cual de los dos era quien le hablaba. Su conciencia tampoco.
- Tu hijo es un Héroe –
Sonrió. Levanto un brazo y moviendo suave y lentamente su mano verificó que su sonrisa estuviese donde la había dejado. Los músculos faciales estaban trabajando.
Pensó en cosas que nunca podrá recordar. Recordó cosas que nunca podrá pensar.
Pensó en su hijo. Recordó a su hijo.
Un brusco movimiento, veloz como un rayo, y la mano al agua.
Se percató que el hombre, instintivamente, retrocedía ante su brusquedad. Aquel hombre le temía. Ello poco le importaba.
Tocó el lago.
El agua, dulce y fría, fluía entre sus dedos y mojaba suavemente sus falanges.
Tocó su cara.
Quiso ver la frescura reflejada en su semblante y acercó su cara al lago.
El hombre rió con todas sus fuerzas, o tal vez lo hizo la luna...
Su mano frotó con asiduez su cara mientras los círculos en el agua se calmaban lentamente.
Quietud y sonrisas. Paz y carcajadas.
Quiso ver su sonrisa reflejada.
Acercó su cara al agua, pero no pudo ver nada.

Caio - 18 Ene 00 3.15hs