jueves, julio 26, 2007

Instrucciones para elegir en un picado

Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quienes integraran los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a sus futuros compañeros. Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances.
El hombre que esta esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en que medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez mas demorada. Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber que sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades. Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía a los que estaban mas cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces.
El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, mas vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.
Alejandro Dolina - Crónicas del Angel Gris

martes, julio 24, 2007

Campeones Mundiales Sub20 Canada 2007


lunes, julio 23, 2007

Creo muchas veces

Creo que puede ser posible
Creo que el mar es hermoso
Creo que me merezco vivir a tu lado
Creo en la inmortalidad del mosquito
Creo que Perú queda muy lejos
Creo que lo importante es disfrutar cada momento
Creo que dos más dos es cuatro
Creo que oir tu risa me hace bien
Creo que me extrañaste alguna vez
Creo que no creo en la fidelidad
Creo que con una sola caricia podés hacerme vibrar
Creo que existe más de un San Javier
Creo que falta mucho por inventar
Creo que si no venís te voy a buscar
Creo que hay que ver El Señor de Los Anillos más de una vez
Creo que pienso en vos muchas veces al día
Creo que algún dia visitaremos Creta
Creo que hay veces que es mejor callar
Creo que sos demasiado hermosa
Creo que lo que más me duele es una mentira
Creo en la estrategia de Marcelo Bielsa
Creo en vivir cada minuto como el último
Creo que tres dias sobran para darse cuenta
Creo que el Santo va a volver
Creo que Madrid está más cerca que Buenos Aires
Creo que me queda mucho por llorar
Creo que creo en todo esto
Creo que sino,
no lo escribiría

18-Agosto-2005

sábado, julio 21, 2007

Historia de un buen Brahmín

En el curso de mis viajes tropecé con un viejo brahmín1, hombre de muy buen juicio, lleno de ingenio y muy sabio; además, era rico, y por lo tanto su juicio era aún mejor; pues, al no carecer de nada, no tenía necesidad de engañar a nadie. Su familia estaba muy bien gobernada por tres hermosas mujeres que se esforzaban por complacerle; y cuando no se distraía con sus mujeres, se ocupaba en filosofar.

Cerca de su casa, que era bella, bien adornada y rodeada de jardines encantadores, vivía una vieja india, beata, imbécil y bastante pobre.

Cierto día el brahmín me dijo:

- Quisiera no haber nacido.

Le pregunté por qué. Él me respondió:

- Hace cuarenta años que estudio, y son cuarenta años perdidos; enseño a los demás, y yo lo ignoro todo: esta situación hace que mi alma se sienta tan humillada y asqueada que la vida me resulta insoportable. He nacido, vivo en el tiempo y no sé lo que es el tiempo; me encuentro en un punto entre dos eternidades, como dicen nuestros sabios2, y no tengo la menor idea de la eternidad. Estoy compuesto de materia; pienso y jamás he podido llegar a saber lo que produce el pensamiento; ignoro si mi entendimiento es en mí una simple facultad, como la de andar o la de digerir, y si pienso con mi cabeza como cojo las cosas con mis manos. No solamente me es desconocido el principio de mi pensamiento, sino que incluso el principio de mis movimientos me es igualmente ignorado: no sé por qué existo. Sin embargo, todos los días me hacen preguntas acerca de todos esos puntos; y hay que responderlas; no tengo nada interesante que decir; hablo mucho, y después de haber hablado me quedo confuso y avergonzado de mí mismo.

>> Lo peor es cuando me preguntan si Brahma3 fue producido por Visnú4 o si los dos son eternos. Dios es testigo de que no sé ni una palabra de todo eso, y bien que se ve por mis respuestas. “¡Ah, reverendo padre! (me dicen), explicadnos cómo el mal inunda toda la tierra.” Mi ignorancia es igual a la de los que me formulan esta pregunta; a veces les digo que en el mundo todo va del mejor modo posible; pero los que se han arruinado o han sido mutilados en la guerra no me creen, y yo tampoco me lo creo; me retiro a mi casa abrumado por mi curiosidad y mi ignorancia. Leo nuestros antiguos libros y ellos espesan todavía más mis tinieblas. Hablo con mis compañeros: los unos me responden que hay que gozar de la vida y burlarse de los hombres; los otros creen saber algo y se pierden en ideas extravagantes; todo aumenta el sentimiento doloroso que experimento. A veces estoy a punto de caer en la desesperación cuando pienso que, después de tanto estudiar, no sé ni de dónde vengo, ni lo que soy, ni adónde iré, ni lo que será de mí.

El estado de este buen hombre me causó verdadera pena: nadie era más razonable ni más sincero que él. Comprendí que cuantos más conocimientos tenía en su cabeza y más sensibilidad en su corazón, más desgraciado era.

Aquel mismo día vi a la vieja que vivía cerca de su casa; le pregunté si alguna vez se había sentido afligida por no saber cómo estaba hecha su alma. Ella ni siquiera comprendió mi pregunta: en toda su vida nunca había reflexionado ni un momento acerca de una sola de las cuestiones que torturaban al brahmín; creía con toda su alma en las metamorfosis de Visnú, y con tal de poder tener de vez en cuando agua del Ganges para lavarse, se consideraba la más feliz de las mujeres.

Impresionado por la dicha de aquella pobre mujer, volví a visitar a mi filósofo y le dije:

- ¿No os avergüenza ser desgraciado cuando a vuestra puerta hay una vieja autómata que no piensa en nada y que vive contenta?

- Tenéis razón – me respondió -; cien veces me tengo dicho que yo sería feliz si fuese tan necio como mi vecina, y sin embargo no quisiera semejante felicidad.

Esta respuesta de mi brahmín me produjo mayor impresión que todo lo demás; me examiné a mí mismo y vi que en efecto no quisiera ser feliz a condición de ser imbécil.

Propuse el dilema a unos filósofos, que fueron de mi misma opinión.

- Y no obstante – decía yo-, hay una escandalosa contradicción en esta manera de pensar; porque, al fin y al cabo, ¿de qué se trata? De ser feliz. ¿Qué importa tener talento o ser necio? Todavía hay más: los que están satisfechos de cómo son, están muy seguros de estar satisfechos; los que razonan, no están seguros de razonar bien. Está, pues, bien claro – decía yo – que habría que aspirar a no tener sentido común, por poco que este sentido común contribuya a nuestra infelicidad.

Todo el mundo fue de mi parecer, y sin embargo no encontré a nadie que quisiera aceptar el trato de convertirse en imbécil para vivir contento. De lo cual deduje que, aunque apreciamos mucho la felicidad, aún apreciamos más la razón.

Pero, después de haber reflexionado sobre el asunto, me parece que preferir la razón a la felicidad es ser muy insensato. ¿Cómo, pues, puede explicarse esta contradicción? Como todas las demás. Hay aquí materia para hablar muchísimo.

Voltaire (1694 – 1778)

1Brahmín: Cada uno de los individuos de la primera de las cuatro castas en que se halla dividida la población de la India, y que por suponer que proceden de la boca del dios Brahma, no deben dedicarse más que al sacerdocio y al estudio y meditación de los libros sagrados de su religión.

2 Alusión de Voltaire a Pascal

3Brahma: Primera persona de la Trimurti hinduísta; el creador del universo, primera emanación del Brahmán.

4Visnú: Divinidad india, que, con Brahma y Shiva, forma la Trimurti o trinidad brahmánica. En principio, VISNÚ era una divinidad solar, pero al surgir el budismo, convirtióse en parte de la Trimurti, creada para reforzar el brahmanismo.


Campeones Mundiales Sub20 Holanda 2005